Llevo meses y no sé si decir también algún año que otro intentando poner etiqueta a casi todo, por no decir a todo. Intentando definir mis ideales, hacer de una forma determinada cualquier cosa que me pase por la cabeza, poner momentos, fechas y segundos a cualquier evento que fuera digno de ser recordado para poder apuntarlo en el calendario y que no formara parte de la historia, sino del presente repetido.
Así tantas y tantas cosas que no podía ver dispersas en un medio hipotético, todo debía estar ordenado, a la izquierda o a la derecha pero todo bien alineado y organizado.
Sin embargo, llega un momento que esa filosofía deja de servirte, que muchas cosas son las que se tienen que quedar "en medio" porque no pueden catalogarse. Este blog fue una de ellas, empezó siendo un entretenimiento, una evolución del muro del tuenti (por así decirlo) para convertirse en un diario muy metafórico de lo que es vivir en un mundo que a veces odias, pero que otras tantas también amas. En el transcurso de su creación quise también catalogarlo. Me hacía la misma pregunta cada vez que abría la pestaña y ponía el enlace: "¿Pero qué estoy escribiendo?". Y no sabía contestarme.
Veía muchos otros blogs que eran fácilmente catalogables: de moda, de política, de deportes, de actualidad, de opinión personal sobre temas de actualidad... Ese último fue el que más me convenció. Podría seguir dando mi opinión pero dirigido a unos temas que me iban a servir, porque en poco iba a empezar a estudiar Periodismo y en el mundo real de pocas oportunidades y en el que solo vencen los mejores, de poco o nada sirve únicamente escribir sobre momentos circunstanciales de inspiración.
Pensé en la cantidad de ventajas que iba a darme "catalogar el blog". Podría escribir de una forma continuada, porque la actualidad nunca dejaba de acontecer y podría dar mi opinión sobre todos esos temas de los que la gente hablaba... Esa era la mayor desventaja, ¿me estaba convirtiendo en convencional? Iba a hablar de lo que todo el mundo habla, a lo que se sumaba la cierta obligación de catalogar mi pensamiento acerca de un tema en concreto. Ya no era un completo entretenimiento, una parte de mi sabía que suponía una obligación tener que aferrarme a un tema para desquebrajarlo y poder llevarlo a mi terreno. Al fin y al cabo, es lo que me van a pedir en cualquier redacción, ¿no?.
Entraba en juego empezar ya a limitarme o poder seguir disfrutando un poco más de poder escribir acerca de todo y de nada, de que se me pasara una frase por la cabeza y poder estirarla hasta formar tres o cuatro párrafos de continua inspiración que no iba a ser tan frecuente como sí podría serlo la actualidad. La inspiración viene cuando menos lo esperas.
Un conflicto contra mi misma, contra mi verdadero futuro y contra mi yo que no se resignaba a la resignación. Y de alguna manera, acabó ganando mi yo y mi no-resignación y hasta hoy, sigo orgullosa de haberle ganado la batalla a lo convencional.
Quizá aquello que no se puede catalogar no tiene porqué ser peor que aquello que aquello que sí puede clasificarse en un lugar determinado, acaba adquiriendo tanto de tantos lados que, sin desvalorar a los blogs que nacen y mueren anclados en un tema y que aún sigo admirando, puede ir y venir de todos los ámbitos para al final escribir sobre esa frase que se te ocurrió entre sábanas, para que el mero hecho de acordarte a la mañana siguiente te haga sentirte verdaderamente triunfante.
Como cuando acabas de escribir una entrada cualquiera de un blog cualquiera como este y piensas que tu sitio es único y que desechas el encasillarte. Piensas en esa frase que defina más de veinte entradas, y la encuentras: únicamente escribo para hacer bonito el pensar.
1 comentario:
Sé que llego tarde, pero no sabía que habías vuelto a escribir otra vez. Qué maravilla, me gusta cómo hilas, la forma en que tienes de hacer el texto ligero. Mi más sincera enhorabuena ^^
Respecto a lo que comentas, estoy totalmente de acuerdo. Es difícil catalogar tu propio blog en una temática, cuando en realidad es un reflejo de todas esos proyectos e inquietudes que se te pasan por la cabeza.
La inspiración a veces es caprichosa, por eso siempre digo que lo mejor es escribir cuando a uno le apetece en vez de hacerlo por deber. Al hacerse de la segunda forma se elabora un texto forzado, insípido y que al final no dice nada al lector.
Como ya te dije: tienes una nueva lectora fiel jajajaja
Un abrazo, Natalia :D
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