No me hace falta demostrar nada a nadie, ni para enseñarme en un ejercicio de "a pesar de todo, sigo aquí". Por que aún con las costillas un poco más astilladas sigo intentando dar la vuelta a los qué dirán por los qué callarán.
Sé que de alguna manera aún me queda algún espacio que proteger y algún otro que recuperar, si no, ya habría abandonado el ímpetu de creer poder hacer escuchar al que nunca habla y sumarme al carro del que siempre grita.
Algunas veces los ojos se me llenan de niebla y regalo dolores fortuitos a los que siempre dicen que el sueño está lejos, que hay poca gente que tiene suerte y que en el mundo solo sobreviven los fuertes. Aunque seco de sed y de frío el mundo guarda un rincón para cultivarlo que se desperdicia constantemente por el temor a equivocarnos de sitio.
Y yo, que soy de las que se arrancan lunares porque provocan y de las que se queman por dentro ellas solas. Soy, a pesar de los pasos en falso, de lanzarme siempre al vacío. Soy, aunque ya se me niegue otras tantas veces, soy, a pesar de mi escondite. Pero lo reconozco, y es cuando escribo al mundo por darme ese pedacito de aire.
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