Amar manchar el papel.

     No escribo porque quiera justificarme, ni por llamar atenciones como hacen muchos en la apariencia de la preocupación externa como fin de satisfacer la inquietud interna. Tampoco por buscar un desahogo, sino por hacer que el folio inerte pierda el conocimiento ante la realidad que muchas veces demuestra y que pocas veces reconoce.

     No me hace falta demostrar nada a nadie, ni para enseñarme en un ejercicio de "a pesar de todo, sigo aquí". Por que aún con las costillas un poco más astilladas sigo intentando dar la vuelta a los qué dirán por los qué callarán.

    Sé que de alguna manera aún me queda algún espacio que proteger y algún otro que recuperar, si no, ya habría abandonado el ímpetu de creer poder hacer escuchar al que nunca habla y sumarme al carro del que siempre grita.

    Algunas veces los ojos se me llenan de niebla y regalo dolores fortuitos a los que siempre dicen que el sueño está lejos, que hay poca gente que tiene suerte y que en el mundo solo sobreviven los fuertes. Aunque seco de sed y de frío el mundo guarda un rincón para cultivarlo que se desperdicia constantemente por el temor a equivocarnos de sitio.


     Y yo, que soy de las que se arrancan lunares porque provocan y de las que se queman por dentro ellas solas. Soy, a pesar de los pasos en falso, de lanzarme siempre al vacío. Soy, aunque ya se me niegue otras tantas veces, soy, a pesar de mi escondite. Pero lo reconozco, y es cuando escribo al mundo por darme ese pedacito de aire.


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