Ojalá fuera esa niña. Sentada en su carro, y la señora de su lado diciéndole: ''¿Te gusta bonita?''. Claro que la gusta, ese tacto es demasiado suave para sus dulces manos. Abrigo de piel, por desgracia verdadero. Da la apariencia de caro, y es que lo es.
La cara envejecida de la mujer posee unas oscuras gafas de sol, también de marca, y eso lo afirma, el abrigo es caro y de verdad. Puaj. Lo que puede verse en la mitad de la línea diez de metro. Sí, metro y una señora con abrigo de piel y gafas de sol oscuras dentro de un vagón. Señora crisis. La niña sigue tocando la piel suave, sin embargo, su madre acaba con la fantasía, aparta el carro y le dice: ''Para ya Ainhoa, estás molestando''.
Se nota suspiro en las facciones de la mujer de las gafas oscuras, su abrigo no debe de ser sobado por cualquiera, y menos por las manos de una canija, a saber donde habrán estado.

''-Próxima estación: Plaza de Castilla.'' Cada estación es peor que la anterior. Esta vez tres chicas, camufladas entre abrigos marrones sí, de El Corte Inglés (los vi en uno de mis múltiples paseos 'inspeccionadores-no compradores'') y sus Blackberrys con fundas cada cual más parecida a las de esas fotos que tienen como fondo de pantalla en el ordenador.
Es tremendo. Mantienen conversaciones insustanciales, y no las critico por ello, yo también lo hago. Y me doy cuenta de lo ridícula que puedo llegar a ser. Supongo que ellas, a mi me verán como un bicho raro por ir leyendo un libro de seiscientas páginas en vez de con mi Ipad o mi Blackberry para mantener on-line mis ''conversaciones insustanciales''. Coletas a un lado, zapatos a juego con el color del abrigo. Aún quedan varias estaciones. 

Por fin. Transbordo. Lo que cambia una linea de metro en su trayecto. Línea 5, solo faltan tres. Aluche, Eugenia de Montijo... Se suceden las personas a la vez que las estaciones. Y sin embargo, parece que ya estoy en casa. Son familiares. Sus abrigos han cambiado, son pieles falsas, o ni eso. Simplemente abrigos abultados que intentan abrigar. Eso sí, los guantes y las bufandas cumplen su función, la tela escogida de la abuela es la que más abriga de todas. 

''-Próxima estación: Carabanchel; Atención, estación en curva. Al salir, tengan cuidado para no introducir el pie, entre coche y andén.''  El olor a aceite de la churrería invade la salida, así como lo hacen los que hacen de punto de encuentro la estación de metro. Estoy en casa, y él está con las manos en los bolsillos, apoyado en el árbol.
Perfecto pero helado. Ni Blackberry ni abrigo de piel. Todo lo que necesito no contiene ni cortocircuitos ni muchos ceros en la etiqueta. 
Él, su olor, su mirada perdida y su beso de bienvenida
NattaliaBreathe. 

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